Esto es un día de otoño y yo me voy con mis padres y unos amigos a cenar a un restaurante superfino. Pedimos la cena y yo fui al baño muriéndome de hambre pero con unas ganas de ir inaguantables. El caso es que me meto en el baño ¡y no tiene pestillo! O sea, que saco un pintalabios verdeazul que tenía yo por aquellos tiempos (a todas las chicas nos han regalado uno, que no pinta pero que parece que te hace muy mayor) y lo pongo debajo de la puerta para atrancarla. Hago "lo que tenía que hacer" y intento salir. No abre la puerta. Intento sacar el pintalabios de la rendija. No sale, genial. Como es mas duro que una piedra, se ha quedado ahí. Yo ahí toda motivada, me pongo ahí a intentar sacar el pintalabios con una claustrofobia que te pasas. Cinco minutos más tarde, mi gozo en un pozo. Nada, que me había quedado atrancada. Así que, adelantándome y pensando que iba a morir de hambre, voy yo y me pongo a comer el papel higiénico. Sí, sí. Asqueroso, sabe a lechuga. Puaj. Yo ya, comiendo el papel y tal, me di un cabezazo contra la puerta y la abrí. ¡Tachán! Salí corriendo como si llevara veinte años encerrada.
He aquí mi historia. MORALEJA: Nunca atranques una puerta con un pintalabios. Y si lo haces, no comas papel higiénico.
Jajajajajaajajajaj:D eso fue conmigo?Jajajajajajajaaja nunca me lo habías contado...
ResponderEliminarRecupéerate pronto anda...
No cielo! No fue contigo porque si no nos habríamos atrancado juntas! Jeje un beso!
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